Benjamín Herrera es uno de esos hombres predestinados en la vida para ocupar un lugar destacado en la historia.
Su trayectoria humana de orfandad, de lucha, de carácter y de visionario lo llevaron de la ruda y heroica milicia a la jefatura de la alta política, conforme a los mandatos de la época, y de ella al magisterio civilizador en las aulas universitarias. Vida ejemplar la de este hombre recio, luchador infatigable por sus ideas democráticas, servidor del pueblo sin esguinces ni dobleces, republicano y patriota de la más alta estirpe.
Cuando el 24 de junio de 1850 nació Benjamín Herrera en Cali, murio en el alumbramiento su madre, la Zipaquireña Margarita Cortés. Su padre el labrador Bernabé Herrera, oriundo de Caquezá, era ya un teniente al Servicio del Ejército Nacional, que había participado en la campaña del sur, de 1839, y luego en la del Norte. Había llegado a la guarnición de Cali con el prestigio del militar pundonoroso, y había encontrado la hospitalidad de la familia Villquirán Espada, un nombre culto que le brindo a Benjamín los cuidados maternales de que le privaba su orfandad, así como las primeras lecciones en la escuela que alli mismo funcionaba.
Los trece años siguientes fueron de continuo deambular por los cuarteles a dónde era trasladado su padre el Teniente Herrera. Los de Buga, Honda y otros más. en las escuelas de esas poblaciones estudiaba Benjamín, pero su padre lo llevaba a presenciar los ejercicios y desfiles militares, familiarizádose désde entonces con la rígida disciplina castrense. Así se fue formando aquel niño disciplinado severo sin ser adulto, imperativo, introvertido sin ser tímido, pragmático, ordenado, intuitivo, varonil, y fuerte.
Muy jóven decidió interrupir sus estudio e ingresar a la Guardia Nacional, como entonces se llamaba el ejército, llevado por su ancestro y los recuerdos de su infancia. Hizo parte del batallón Zarpadores a órdenes del coronel Daniel Delgado con el cual participo en las batallas defendiendo el régimen federal y radical.
Herrera era un joven de atractiva presencia, de estatura mediana, el cuerpo siempre erguido, el andar garboso, sanguineo, irascible y nervioso, cuerpo delgado, cabello abundante, liso, negro y un tanto rebelde, la frente amplia, rostro ovalado y nariz recta que daba la presión del mozo enérgico y fuerte, con su voz firme y dura, temperamento inquieto, siempre vertical, tanto el furor y odio como en la simpatía, la adhesión y la generosidad. Siempre fulgurante en sus decisiones, aparecían ellas iluminadas con sus ojos pequeños y relampagueantes ojos de león decían ellos, que siempre lo identificaron. De mal humor era inabordable. En las tertulias sociales era hombre de gran simpatía.
Su condición militar no le impedía a Herrera manifestar su credo radical. Así era la época. Fue así como en 1879 fue elegido como concejal de Bogotá.
En 1909 se organizo el movimiento político denominado Republicanismo, cuyas cabezas visibles fueron Herrera por el liberalismo y Carlos E. Restrepo por el Conservatismo.
En 1915 bajo el gobierno de concha, Herrera fue nombrado Ministro de Agricultura y Comercio.
En 1923, obtenida alguna financiación, abrió sus puertas la Universidad Libre, de cuyo Consejo Directivo fue primer presidente el general Herrera.
El 29 de febrero de 1924 murió Herrera en Bogotá. Su cadáver fue velado en Cámara ardiente en la Universidad Libre y en el capitolio. Gigantescas manifestaciones lo acompañaron hasta el cementerio Central de Bogotá, en medio de un profundo dolor general. Pero solo en 1930, llegado el liberalismo al gobierno, el Congreso expidió una ley de honores al caudillo desaparecido.